Una casa es una casa, una plaza es una plaza, un juego es un juego, una frase es una frase, una canción es una canción, un libro es un libro, una calle es una calle, una esquina es una esquina, un chocolate es un chocolate. ¿No?...
Puedo caminar por una calle y mirar las casas, las esquinas, los árboles, y pensar “¿Qué tiene ésta esquina de particular? Es una más…” Okay, sí, es una más para mí, pero para alguna otra persona en el barrio, esa esquina pudo haber sido LA esquina, donde conoció a alguien importante, donde se cayó de la bicicleta, donde besó por primera vez a esa persona tan especial. Lo que quiero decir con todo esto es que estamos rodeados de cosas que creemos que son comunes, que no tienen nada de especial ni nunca van a tenerlo. Me pongo yo como ejemplo: Nunca hubiera pensado que la esquina de Maipú y Belgrano alguna vez me fuera a transmitir algo especial, es decir, desde los diez años me encuentro ahí con mis amigas para decidir dónde ir, o simplemente para ver quien está por Maipú (siempre hay algún conocido). Y ahora es inevitable que me vengan millones de recuerdos y muchísimas charlas en esa esquina, en MI banquito (que ni siquiera es un banquito, es la ventana de una panadería). ¿Creen que había imaginado que el supermercado Disco que está en Lomas me iba a transmitir algo? O sea, es un supermercado. Bueno, yo tampoco lo habría imaginado y sin embargo hoy no puedo pasar por ese puto supermercado sin llorar, ¿Increíble, no?
Es increíble como una persona puede hacer que algo tan insignificante y común como una esquina, una canción, o una publicidad de diarios en la televisión, pase a ser un motivo de recuerdos, sonrisas y hasta llantos en esos días tan sensibles. Las personas no se olvidan, por nada del mundo, siempre hay algo que queda adentro de uno que nunca va a poder borrar. Los momentos compartidos, las mañas, las risas, los enojos, las discusiones tontas, las discusiones no tan tontas, los abrazos, los regalos, las canciones, las frases que solamente la pareja entiende y cuando las dicen delante de otras personas los miran como diciendo “¿Qué les pasa a estos dos?”. Los besos en lugares graciosos y que los demás pasen mirando y piensen “¿Por qué le da un beso en la nuez?”. Si, fue hermoso mientras duró y quizás no lo disfruté como me hubiera gustado, no duró lo que yo hubiera querido que dure, ni terminó de la mejor forma o con los mejores motivos, pero de todas formas ese mes fui extremadamente feliz y no me arrepiento de nada de lo que hice ni dije con él, no fue perfecto, yo tampoco lo fui, nadie es perfecto, pero les puedo asegurar que de todas las personas que conozco él es el único que pudo hacerme reír tanto conociéndome tan poco. Lo admito, lo extraño y lo voy a extrañar, pero a pesar de todo, me quedo con los mejores momentos de los dos juntos. Y sí, ahora ya estoy dispuesta a no esperarlo porque al fin entiendo que no va a volver.
¿Un consejo? Aprovenchen todo al máximo porque no saben cuándo ni cómo va a terminar.
¿Una verdad? Nada es para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario