miércoles, 23 de junio de 2010

Mirar más profundo~

Si hablamos en serio, tengo que decir que todavía me asustan dos cosas más que nada en el mundo (es decir, de las cosas que se me ocurren ahora). Y esas dos cosas son EL ABANDONO y EL REEMPLAZO. Los dos por igual, en realidad son casi lo mismo. Toda la vida me sentí reemplazada y lo cierto es que no sé luchar cuando me están reemplazando. Cuando llega a mi familia, a mi grupo de amigas o a mi vida, alguien más, simplemente opto por retirarme, siento que no puedo ser competencia de nadie. El tema acá sería preguntarse por qué me siento amenazada cuando estoy entre pares, entender porqué tengo esa necesidad de competencia que para mi, ya desde antes de comenzar, es desleal.



Mi cerebro se dió cuenta que era mucho más fácil castigar al cuerpo. Así, después de días sin comer, días de caras oscuras, padres enojadísimos, de primas y hermanos desentendidos; contraje alguna enfermedad de la cual nunca supe ni el porqué, ni el cuándo, ni nada que se le asemeje. ¿Qué tuve? Nose.






Había tenido un principio de anorexia pero en aquel momento todos entendimos (o quisimos entender) que simplemente era un berrinche adolescente, De hecho, esa versión de la realida hubiera sido mucho más placentera. Cuando volví a mi casa, mis padres estaban lo suficientemente enojados conmigo como para ponerme en penitencia o algo por el estilo.





El verano continuó y las aguas se calmaban. Pero no para mí, que tenía que volver al colegio. Me había dejado el pelo largo, morocho y lacio. Y gracias al pequeño episodio del verano, pesaba casi 9 kilos menos. Casi sin querer estaba compartiendo la ropa con mi hermana de 8 años.






Cuando volví al colegio, puede decirse que era otra persona. Las personas que antes no sabían que yo existía ahora me miraban, se daban cuenta de mi existencia. Ya dar por enterada a la gente de que respiras, es un logro. No solamente me sentía "viva", también me empece a ver "linda". Así, empecé a disfrutar los beneficios de ser agraciada. Me pedían mi teléfono las mujeres, y los hombres me miraban.

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